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Dembélé invita a Luis Enrique a una nueva final de Champions con su PSG

Ya firmó una campaña histórica la pasada 2024/25. Campeones de Europa, figura de un hito sin precedentes y Balón de Oro. Pero Ousmane Dembélé no se conforma con eso. Por ello, junto a Kvaratskhelia, invitó a otra. Otra ronda, otra final, otra oportunidad para retener el trono de la Champions League. El Paris Saint-Germain de Luis Enrique se valió de la diana del 'Mosquito' para aguantar a un Bayern impotente, al que solo le hizo creer el tardío gol de Kane. No fue suficiente. Serán los parisinos los rivales del Arsenal de Mikel Arteta.

Venía la previa cargada con una expectativa natural. La oda al fútbol de París, con nueve goles, invitaba a augurar una cita similar. Dispuso, para ello, Luis Enrique de un regreso anunciado a su titular: Fabián Ruiz. Es ya el sexto partido del centrocampista desde que se recuperara de su lesión, noticia siempre positiva para Luis de la Fuente y la Roja de cara al Mundial. No tan buena para él saber que, al frente, iba a tener al tridente en su plenitud: Kane, Luis Díaz y Olise, este último visto a su llegada al Allianz Arena con una capucha que le cubría todo el rostro. Raro.

Como raro sería llegar a los cinco minutos de un Bayern-PSG sin goles. Por ello, antes del cuarto ya se cantaba la primera diana del partido. Participó Fabián, clarificando el ataque del conjunto parisino con un pase a Kvaratskhelia para que el georgiano avanzara, protagonista de una gran jugada, y sirviera el balón al centro del área. A la cita llegó Dembélé, que no falló frente a un Neuer impotente. Ventaja de dos goles para el PSG.

No por ello decayó el ánimo de un Bayern que prometía el empate. Lo intentó Luis Díaz con un remate que se marchó muy cerca sobre los 20', y Michael Olise sufrió el mismo destino con su intento de pierna izquierda apenas minutos más tarde. El ritmo era frenético, como no puede ser de otra manera con estos invitados.

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Dembélé, ante el Bayern
EFE
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Tanto que, en ocasiones, se precipitaban, como Upamecano con una entrada muy dura a Nuno Mendes de la que salió bien librado. El portugués, amonestado, también pudo ver la roja tras unas manos que el colegiado Joao Pinheiro no sancionó por extrañas razones: una supuesta mano previa que pocos advirtieron.

Pero lo que todo el Allianz vio claro fue la mano de Joao Neves tras el despeje de Vitinha dentro del área. Pedían penalti todos, incluido un Kompany enloquecido en la banda. El entrenador belga del equipo muniqués entendía, igual que su staff, que la mano era punible. Pero no, con reglamento en mano: si viene de un despeje de su compañero, al estar tan cerca, no era penalti.

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El árbitro Joao Pinheiro hace un gesto con la mano ante Joshua Kimmich, del Bayern de Munich
ANNA SZILAGYI / EFE
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Lo explicó como pudo Pinheiro con el poco tiempo que le dejaba un partido de golpe a golpe. Porque así como metió la mano en su área, Neves también plantó la cabeza en campo contrario para que solo la mejor estirada de Neuer evitara el 0-2 y la ventaja de tres goles para los galos. No fue menos el ruso Safonov, que cazó abajo un gran disparo de Musiala. Por su culpa se fueron a vestuarios con el 0-1 intacto.

A la segunda parte saltaron con las mismas ganas de hacer daño. Aunque aprovechaba mejor el PSG el nerviosismo de un Bayern que no encontraba tantos espacios como en la ida. Así, Doué tuvo en sus botas la sentencia de no haber sido por una estirada prodigiosa de Neuer que evitó el final antes de tiempo.

Kvaratskhelia siguió a lo suyo, endiablado, mientras Kompany buscaba soluciones en la banda con Nico Jackson o Lennart Karl. También tomó precauciones 'Lucho', retirando a un Dembélé al que no le encantó dejar su sitio en el campo. Pero sirvió para, replegados en el fondo y empleados todos en la presión, el PSG resistiera con holgura a un Bayern que se quedaba sin respuestas.

O lo que es lo mismo, sin goles. Hasta que apareció el de siempre: Harry Kane. El inglés recibió en el área, se revolvió para su zurda y, por fin batió a Safonov. El problema era el reloj: 90+3 de añadido con los cinco que había dispuesto Pinheiro. No alcanzó para más. Los galos, en el mismo escenario donde golearon al Inter en la pasada final, sellaron el billete a una nueva. Budapest espera.

Fuente original: www.sport.es →